Métrica libre (o asalvajada, según se mire).

Y amor. Y dolor también.
Y soledad.
Y la luna, cada noche, plantada en mi cabeza.



jueves, 7 de febrero de 2013

La sentencia

La culpa fue de un desalmado dios:
el que creó dos géneros
con sexo.

En el mismo principio de la historia
está su fin.



Nos condenó por siempre a disfrutarlo
otorgándonos a cada uno
una forma diferente de entenderlo
y hasta la incapacidad para sentirlo.

Comisionó a médicos y psiquiatras
para que lo recomienden por saludable
para cuerpo y alma;
básico,
fundamental
para estar vivo.

Y lo hizo placentero
con malicia.
Lo ideó bueno con saña,
para que creara dependencia
y hasta vicio,
nombrándolo
(primer sarcasmo de la historia
del hombre)
pecado capital.

En su creación macabra,
aún no contento,
ordenó que acelerara los latidos,
que hiciera a la piel sudar
y a la boca buscar la boca ajena;
que obnubilara la mente
y revolviera inevitablemente
el corazón.
Eso fue lo más cruel de todo.

Y se sentó a mirar,
ya complacido,
cómo arruinaba el amor
(propio y ajeno)
este placer caduco,
cómo enredaba la vida
de esta raza
que le permite dirigir el mundo
a su capricho.

En el último instante,
con el fin de eludir su crimen
inhumano,
el despiadado dios
nos dio cabeza:

“…y así sólo vosotros seréis
por siempre
los únicos responsables
de vuestros actos”.

En el mismo principio de la historia
está su fin.